...bueno, realmente, lo que estoy intentando es curarme de lo que me han diagnosticado: Berborrea incontrolada aguda, es decir, que charlo por los codos, sola, y en cualquier sitio en voz alta. Y digo yo, ¿qué mejor cosa que hablar con una misma?. Yo me lo guiso, yo me lo como. Por qué, de verdad ¿quién te escucha mejor que tu misma?
Andar por la calle hablando con alguien es un horror. Tu vas más deprisa y tienes que ir esperando a la otra persona que lo único que le interesa es ver los escaparates. Y claro, no te atiende. O hablar por teléfono. Una locura. La cobertura, digan lo que digan las compañías telefónicas, cada día anda peor. Y claro, interferencias por un lado, descoberturas por otro... y nadie te escucha. Y así podría estar tres días. Hablando sobre la falta de hablar y de escuchar que tenemos en esta sociedad. Por eso, yo hablo sola.
Reconozco que también empecé a ir al psicólogo para que alguien me escuchara (aunque sea pagando) y así justificar eso de hablar sola (porque el psicólogo lo único que hace es asentir y subirse esas ridículas gafas mientras yo estoy tumbada en el sofá soltándole la Biblia en verso)
Yo me he llegado a poner muchas pruebas a mi misma para poder dejar de hablar en cualquier sitio. Pero no, no lo he conseguido.
He llegado a ir a la Iglesia (yo que para lo único que he ido allí es para enterrar a Luis y porque su madre se empeño, sino...), un domingo en hora punta para intentar callarme durante por lo menos una horita y el cura me llego a pedir que por favor saliera de allí o me subiera al púlpito para debatir sobre la palabra de Dios (gracias a Dios, nunca mejor dicho, llevaba un maravilloso sombrero que me tapaba media cara y así me pude librar de ser reconocida, que sino...ni me lo quiero imaginar). O el día que me fui al tanatorio. No, no se me había muerto nadie afortunadamente, pero me fui allí para sentarme un rato con los dolientes y al final terminé sentada al lado de la viuda consolándola y diciéndole eso de "Querida, la vida empieza ahora...". Claro está, los hijos del difunto (su difunto padre) me miraron con estupor, me cogieron del brazo y me invitaron a salir. La vuelta a casa se la di al taxita, pero con ellos no tengo problemas, porque raro es el que se queda callado y no te da tu ratito de murga. Si yo nací para ser taxista, pero entre que me casé con Luis, una tiene ya su estatus, las uñas postizas y este par de tetas que me puso el doctor Carvajal, cualquiera se pone a conducir un taxi.
Increiblemente, llevo tres cuarto de hora escribiendo, y por primera vez en mucho tiempo, he estado callada... ¿o he estado hablando y no me he escuchado?. Espero no empezar a dejar de atenderme a mi misma, porque sino, ya la hemos liado.
Hasta la próxima, si es que la hay.
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