viernes, 23 de julio de 2010

Carlos.

Me voy de la ciudad. Y es por prescripción médica. ¿Qué me hace daño la ciudad? Quita, quita... simplemente que soy adicto al sexo (ya que ninfómano no existe y solo se puede usar para las mujeres..."furor uterino" quiere decir... y yo útero, gracias a Dios, no tengo).
La historia es muy larga. Tan tan tan larga como si pusiéramos todas las pollas que he usado en los últimos meses, una tras otra... no se, quizás y sin exagerar, cruzarían el estrecho un par de veces. Y no por largas, porque en la viña del señor ha habido de todo, sino porque han sido muchas.
Y si. Mi psicólogo me dijo (después de comérsela un par de veces) que me tenía que ir de retiro espiritual. Yo le comenté que a mi el rollo religioso no me iba mucho. Él me miró y me dijo "Querido Carlos, un monasterio para ti, sería la perdición" (esto por lo menos me dejó tranquilo y vi que el muchacho me conocía bastante bien, y que el dinero que me estaba dejando allí servia para algo más que para comerme esos 19 centímetros una vez en semana). Él ya lo había preparado todo. No se quien coño me mandó proporcionarle teléfonos de "emergencias" por si me pasaba algo. Claro está, le había dado el de mi madre (que mejor que una padre para una emergencia) y él se puso en contacto con ella y acordaron que me iría al pueblo si o si.
Esto no tiene perdón de Dios. Que tu madre se entere antes que tú de que te vuelves al pueblo por comerte más pollas que nadie de tu ciudad (y las ciudades vecinas....) ya os digo, no tiene perdón de Dios.
Y es que es algo superior a mi. No lo de volver al pueblo, que no me hace ni pizca de gracia, sino lo del sexo. Yo creía que era algo normal, eso de estar todo el día pensando en lo mismo, pero te das cuenta de que no, que no es para nada normal. No es normal que mis páginas de cabecera sean Bakala, Gaydar y el Chueca. No es normal que me deje medio sueldo en la sauna. No es normal que me conozca el mapa-cruising de toda la ciudad (y de las vecinas, ya os digo). Y tampoco es normal que sin darme cuenta me haya comido el rabo de la mitad del vecindario (mi culpa no es, pero estos hombres casados...no tienen perdón). Por eso decidí ir al psicólogo. Y gracias a él, mirad donde termino: en mi puñetero pueblo.
Eso si, el psicólogo me ha dicho que escriba, que eso me relajará y sacará mi yo interior (y medio en broma medio en serio me comentó que así tenía algo que me aseguraba mi futuro, y no seáis mal pensados, no se refería a mi boca, unas memorias para venderlas el día de mañana...quien sabe). Que se lo escriba en este blog y así el me podrá leer y saber como llevo lo mio. Un calvario, eso es lo que voy a llevar yo. Un calvario.

La próxima vez que os escriba (si lo vuelvo a hacer) será desde mi pueblo. Villaverde de la Sangre. Allí estaré.

Sin calor uterino pero con mucho cariño:
Carlos

No hay comentarios:

Publicar un comentario